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25.11.19

Ejercicio narrativo

La imagen puede contener: exterior y naturaleza

Consigna: El paraíso está acá nomás se dijo en el momento que..
Perdidos en el vasto río llegaron al lugar que aparece en la foto. Desembarcaron y se encontraron con una vieja pareja que vivía allí, alejada de la civilización, hacía más de diez años. La pesca y la caza eran abundantes y la huerta familiar los proveía de fresca comida. De tanto en tanto viajaban a buscar algunos víveres y otros enseres. Eran felices conviviendo con la naturaleza, necesitaban muy poco más para vivir y se las arreglaban muy bien con la jubilación. Habían encontrado su lugar en el mundo para pasar juntos los útlimos años. Al verlos sentimos que algún día nosotros haríamos lo mismo.
Tere

26.9.19

Nuevamente en casa

 La imagen puede contener: café
Fue cuando nos contó que él había regresado.
Atrás habían quedado las horas de dolor, de insomnio, de lágrimas y gritos desesperados.
Los médicos habían hecho todo lo que estaba a su alcance y Dios también había hecho lo suyo para que ese día él abriera nuevamente los ojos a la vida.

Tere

9.9.19

Un trago más

Sentado en penumbras saboreaba un delicioso vino añejo, de tanto en tanto removía el líquido en la copa mientras miraba el color rubí y los destellos que provocaba en el cristal, sentía embriagarse con el delicado aroma que despedía y cerraba los ojos para disfrutarlo. Estaba en un estado de sopor donde las imágenes pasaban ante sus ojos como en una película y él podía sentir que estaba allí y hasta palparlas. Sin embargo cuando se acercaba para hacerlo sus ojos se abrían involuntariamente y se perdían en las tinieblas.
Ya estaba oscuro, hacía un par de horas que había caído la tarde y no había encendido las luces, no quería hacerlo, tal vez si apretaba fuertemente sus párpados retomaría una vez más el sueño. Había perdido la noción del tiempo, no sabía si hacía unos minutos o ya horas que estaba sentado en el mismo sillón, se movía para acomodarse un poco, para apoyar o tomar nuevamente la copa y beber un sorbo, a su lado en una mesita, la botella descorchada esperaba a ser servida nuevamente quizá hasta la última gota.
La bebida había sido guardada en un rincón del armario para una ocasión especial que nunca había llegado, cada vez que se presentaba un motivo para festejar aguardaban al siguiente y así habían pasado los años sin encontrar el momento ideal.
Ahora ella no estaba y él sentía que era un poco egoísta beber solo pero sabía bien que si dejaba pasar el tiempo tal vez nunca pudiera hacerlo, lamentablemente era demasiado tarde, ya no lo podía compartir y ese día sin que nada lo justificara se había decidido al fin.
Tal vez faltaba poco para encontrarse, después de todo él ya estaba bastante viejo y enfermo, además se sentía cansado y solo sin tener nada que lo retuviera allí. No habían podido tener hijos y se habían dedicado el uno al otro a tiempo completo hasta que la muerte traicionera los separó sorpresivamente.
Hacía tiempo que no tomaba alcohol y ese día se propuso hacerlo para olvidar las penas, para escapar de su presente aciago y porqué no para despedirse. También bebió por los buenos momentos, por la vida que le había sonreído bastante y por ella que lo acompañaba permanentemente sin importar donde estuviera.
Cerró nuevamente los ojos para volverla a ver, hasta le pareció escuchar su voz que le decía que estaba todo bien. Se abrió un camino de luz resplandeciente y sintió una mano que lo tomaba para guiarlo y él se dejaba llevar por esos vericuetos donde revivía los momentos más felices de su historia.
La descubrió en el parque donde la conoció hacía más de sesenta años, en la iglesia donde se casaron jurándose un amor que los sostuvo durante tanto tiempo, en los pequeños quehaceres cotidianos, en las tardes que caminaban por el prado tomados de la mano, en las escapadas que hacían cada vez que el tiempo se los permitía, en las rutas que recorrieron, en los paisajes que descubrieron, en el hobby de la fotografía que los unía, en los albores y atardeceres que compartían.
Lo impregnaron los olores y sabores de los guisos y pasteles que solían preparar, sintió el crepitar del fuego del hogar, se acurrucó en el sillón y la abrazó sintiendo que lo envolvía la tibieza de su piel, recordó sus suaves besos y en su boca se dibujó una sonrisa.
Cuando volvió a abrir los ojos supo que tomaría un trago más para brindar por el amor que los trascendía.
Tere






31.7.19

Una historia en el lienzo

La imagen puede contener: océano, cielo y exterior

Preparé la escena cuidadosamente, estuve en cada detalle, quise lograr un clima romántico y algo misterioso, creo haberlo conseguido. Ahora sólo falta que pueda plasmarlo en la tela con las tintas y acuarelas; quiero que en la próxima muestra el espectador se involucre con la historia que imagino entre pinceladas.
Tere

7.7.19

Su primera vez en Pamplona

Este año tiene la suerte de vacacionar en España en el verano de julio, un sueño hecho realidad,
visitar la tierra de sus abuelos navarros.
Hacía muchos años que tenía pendiente conocer los Sanfermines y al fin llega el momento
de vivir esa experiencia única que sólo puede darse en Pamplona.
Con un grupo de amigos, junto a su hijo, descubrirá la magia del encierro desde un balcón alquilado.
Está ansioso, no ve la hora de formar parte de la algarabía que tantas veces siguió por televisión
y que en esta oportunidad podrá palpar.
Prepara su maleta, lleva su mejor traje, una camisa blanca recién planchada, calzado cómodo, pañuelo,
faja y calcetines rojos. Sin olvidar una estampita de San Fermín, patrón al que desde hace varios meses
pide su bendición.
Tal vez uno de esos días se decide y echa a correr delante de los toros, se persigna y pide al santo
que le dé fuerzas para lograrlo, no en balde se entrenó durante los últimos dos años,
ahora le queda animarse y no dejar pasar la oportunidad de ser uno de los protagonistas de la fiesta
y el ídolo de su vástago.
Tere

4.7.19

Frío en las calles

En un Estado ausente, de espaldas al pueblo, un grupo de voluntarios sale cada noche a recorrer las calles para dar un plato de comida caliente a los más necesitados, los ninguneados, los olvidados del sistema.
Se suman almas solidarias que en la noche más fría de la semana deciden hacer una campaña para juntar abrigos y frazadas.
En la recolección participan hasta los más pobres que comparten lo poco que tienen y otros más afortunados que se desprenden de aquello que ya no usan.
Mientras la indiferencia gobierna al abrigo de su hogar.
Tere

3.7.19

El balcón


 La imagen puede contener: cielo, exterior y agua

 El lugar era magnífico, la vista espectacular, el balcón tenía una ubicación inmejorable, daba al mar, la ciudad y las montañas.
Todo estaba preparado para recibir al hasta hace poco primer mandatario de un país lejano.
Había ordenado comprar la mansión en un lugar remoto para refugiarse en los próximos años, después del desfalco que había hecho en su nación.
Ese día al llegar, miró el paisaje que se desplegaba desde el salón, sin animarse a salir e inmediatamente decidió clausurar las aberturas, temía por su vida.
El miedo acompañaría a él y a su familia durante el resto de sus días.
Tere

2.7.19

Su vuelo


 La imagen puede contener: cielo, exterior y agua

Perdió el vuelo, una serie de hechos desafortunados hizo que llegara tarde al aeropuerto.
El despertador no había sonado, estaba mal programado. La luz se había cortado en todo el barrio y a tientas había logrado vestirse y tomado los bolsos antes de pedir el remis.
El auto se retrasó, las empresas a la que llamaba, uber, taxi o remis, no querían ir hasta el lugar considerando la inseguridad ante la oscuridad reinante.
Llegó cuando su avión surcaba los cielos minutos antes de que estallara en el aire.
Tere

24.6.19

Una noche para no olvidar

Amaneció acurrucada en un oscuro rincón de un gran salón. El helado piso de mármol la hizo tiritar, se refregó las manos todavía dormidas para entrar en calor y atenuar los escalofríos que recorrían su cuerpo.
Abrió lentamente sus ojos, acostumbrándose a la penumbra, estiró sus piernas y brazos, fue incorporándose hasta erguirse completamente y salió de su refugio a caminar.
Miró a su alrededor tratando de ubicarse todavía, se sentía perdida como en un laberinto de sombrío color. Buscó la luz tenue que se filtraba entre los postigos para encontrar un camino posible hacia la salida.
Avanzó paso a paso intentando descubrir el lugar en el que se había perdido la tarde anterior, los rostros desde los óleos parecían seguirla con sus miradas amenazantes.
Había pasado muy mala noche, deambulando desesperada por el enorme lugar sin saber qué hacer hasta que el sueño la venció, se acomodó donde pudo para intentar dormir un poco y lograr que las horas no fueran tan largas.
Entre el miedo y el frío que ganó el lugar su cuerpo no paraba de temblar, apretó sus ojos para forzar el descanso y creyó por momentos lograrlo. Se sintió confundida, no sabía si estaba despierta o soñando. Escuchaba sonidos, murmullos que la alteraban, muebles que posiblemente se arrastraban y el viento que se colaba parecía rugir embravecido.
La noche había sido interminable, ya había perdido la cuenta de las horas que llevaba encerrada desde el cierre del museo. Su sorpresa fue mayúscula cuando alcanzó la puerta de entrada y notó que estaba firmemente cerrada, tironeó una y otra vez del pestillo que no cedía, gritó con todas sus fuerzas y sólo le respondió su propio eco. Golpeó desesperada puertas y ventanas hasta quedar agotada, nadie parecía escucharla.
Tomó aire y trató de relajarse para poder pensar, la desesperación no la iba a llevar a ningún lado, entonces abrió su cartera para agarrar el celular y pedir auxilio, no lo encontró y tiró todas sus cosas al piso para poder buscarlo tanteando entre los cachivaches que solía guardar, pero no estaba. Sintió que las piernas flaqueaban, que le ganaba la angustia y un grito ahogado surgió de sus entrañas.
Pasaron horas o tal vez interminables minutos caminando a uno y otro lado, tanteando, tratando de buscar una salida, una abertura que le permitiera escapar, un hilo de luz que le permitiera ver algo, orientarse, pero debió darse por vencida sabiendo que debería esperar hasta las once horas de la mañana siguiente cuando el Museo Nacional de Bellas Artes abriera sus puertas al público.
Se preguntaba porqué no habían sonado las alarmas con sus movimientos, cómo nadie se había ocupado de evacuar el edificio cuando hubo un corte de luz, porqué no había un sereno o guardia a quien recurrir. No sabía, no podía imaginar, que el cierre prematuro, el corte de luz y de las alarmas del edificio habían sido intencionales y que esa noche no era la única que se encontraba allí entre costosas obras de arte.
Menos aún podía intuir que iba a quedar atrapada en un gran escándalo cuando se descubriera el robo del año y la citaran como testigo. Seguramente no iba a olvidar nunca ese 16 de marzo de 2013, ni olvidaría ya llevar consigo el celular, así como tampoco la dirección exacta de los acontecimientos Av. del Libertador 1473 a pocos pasos de Av Pueyrredón.
Tere

13.6.19

Los recuerdos de Niní

Entrevista a Niní

Después de comer, mientras tomamos un café, aprovecho a preguntarle sobre su niñez; cambiaron tanto las cosas, ¡que lejos quedaron los juegos y entretenimientos de nuestros padres y abuelos!

¿Quién y por qué te llamaron Niní?
Mi tía Adela, hermana menor de mamá,  por Niní Marshall, a mis hermanos también les puso sobrenombres Polita y Yuyito,  por los personajes interpretados por la actriz a la que admiraba enormemente.

¿Me querés contar un poco sobre los juegos que compartían de chicos?
Lo primero que recuerdo es que mi hermano nació cuando yo tenía tres años y mi hermana cinco.
Él nació en noviembre, dos meses después en enero, para el día de Reyes, nos regalaron un latón de color rojo con la tablita para lavar de madera. No sé si cada una tenía su juego o lo compartíamos. A nosotras nos encantaba lavar y nos peleábamos para ver quien enjabonaba primero sus pañales.
¿Sucios, con caca? le pregunto con un poco de asco.
No, por supuesto que mamá ya los había lavado o enjuagado un poco. Ahora que lo pienso ya de chicas nos inculcaron las tareas de ama de casa, será por eso que me gusta aún hoy lavar a mano.
- ¡Por Dios cuánto machismo! agrego.

Sí es el recuerdo... no es sólo los juegos, me dice.
Bueno, contame alguna otra cosa más, lo que quieras.
Recuerdos de niñez, cavila.
A los seis o siete años, al terminar de cenar, teníamos que cambiar a nuestro hermano para hacerlo dormir mientras nuestros padres se quedaban haciendo sobremesa.
Ya más grandes nos ocupábamos de lavar y secar los platos turnándonos. A veces papá le leía a mamá “cosas que no tenían que escuchar los chicos”, recuerdo haber visto los libros  Los Miserables. El Conde de Montecristo y El Prisionero de Zenda, libros que eran gordos e iba leyendo por capítulos cada noche.

Volvamos a nuestros juegos.
¡Como no!
¿Con qué nos divertíamos? Jugábamos con el trompo, a las bolitas, a las cartas, al dominó, al ludo, etc, etc, etc, todos juegos de mesa. También al tonete.
¿Qué es el tonete? No recuerdo haber escuchado ese nombre.
Tonete, sería porque zumbaba cuando uno lo tiraba, reflexiona, eran dos paletas cubiertas de lonja (de cuero, me aclara) y un corcho con plumitas, para jugar como al tenis y sonaba fuerte cuando golpeaba.
También jugábamos a la payana.
¿Con qué?
Con carozos de durazno que limábamos en el suelo rústico para que no nos lastimaran.
En casa nos pasábamos saltando a la cuerda, a la rayuela, jugábamos a las escondidas y a la mancha.
Cuando ya jugábamos a las muñecas las paseábamos en cochecito por toda la casa, afuera no porque nos nos dejaban salir.
Cuando una de mis tías, la tía Chiquita (hermana menor de papá), venía en bicicleta, andábamos en ella una vuelta a la manzana cada una. Nosotras nunca tuvimos bicicleta, mi hermano sí tuvo una cuando tenía unos nueve años.

Ah, cuando mi hermano tenía unos seis años para Reyes le regalaron un sulky tirado por un caballo hermoso forrado en cuero marrón y beige con la crin clara y el asiento tapizado en verde. Tenía pedales y correa para dirigir el caballito y doblar a uno y a otro lado; siempre me quedó el recuerdo, no sé qué habrá sido del sulky, lo habrán regalado, no sé.
Nosotros teníamos un regalo por año sencillito, el que siempre sobresalía era el de mi hermano, no sé si porque era el varón tan deseado por papá.
Ah, bueno, tampoco puedo ser así, recordando bien, el día de Reyes para nosotros era muy importante. A las cinco de la mañana ya estábamos levantados para ver qué nos habían traído. Y con alegría ver que habían comido el pasto y tomado el agua que les habíamos dejado. Toda una ilusión ¡que fue muy linda!
Ahogada en llanto me cuenta la desilusión que tuvo cuando descubrió la bicicleta escondida detrás del ropero, esa mañana ya no se pudo levantar a pesar de la insistencia de su madre para que el hermano no se diera cuenta que los Reyes no existían.

¿Tenían amiguitos?
Sí, nuestras amigas eran tres hermanas, Nenuca, Tucuta y Cristina (la más chiquita que no intervenía mucho en los juegos pero iba a casa a veces).
¿Por qué les decían Nenuca y Tucuta?
Ni idea, los padres eran gallegos, tal vez tenía que ver con eso.
Eran vecinos de nuestros abuelos maternos. Nos encantaba ir a su casa; tenían bohardilla y desde ahí veíamos la calle mientras jugábamos. A veces íbamos nosotras y otras venían ellas.
Las invitábamos para jugar a las visitas; teníamos un jueguito de té en miniatura y el té que servíamos era gaseosa. La cocinita la había hecho mamá con una lata de aceite, la leña eran unas ramitas que juntábamos y prendíamos fuego para cocinar pizzas en latas de sardinas y tortas en latitas de picadillo.

¿Me contás algún recuerdo de tus abuelas o abuelos?
Los abuelos por parte de mamá, los abuelos de Tan tán…
¿Por qué los llamaban de Tan tán?
Porque por el frente de la casa pasaba el tranvía tocando la campana y por el fondo el ferrocarril hacía sonar el pito.
Al llegar a la casa había unos seis escalones que daban a un pequeño jardín; a un costado mi abuelo había hecho una glorieta de rosas rodeadas de caña tacuara (las cañas simbolizaban la libertad de la patria, porque con ellas se la había defendido). Un gesto romántico del abuelo que era todo un poeta.
En la glorieta había un juego de jardín hecho por él, una mesa redonda, un banco largo y dos banquitos, hechos en material simulando troncos, como uno ve en plazas antiguas.
Al costado de la casa había un sauce llorón y de las paredes laterales brotaban culandrillos.
Tenían un terreno grande, al fondo había un cañaveral. Nuestro abuelo había ido cortando las cañas formando un caminito y una sala para armar nuestra casita. Cuando llegábamos de la escuela para jugar allí, tirábamos agua para lavar el piso de tierra y ése era el lugar de las visitas. Vos sabes que el piso parecía de material, al echarle agua y barrerlo quedaba duro, duro, como si fuera material, no se hacía barro ahí.

Nos encantaba ir con mi hermana a la casa de nuestros abuelos paternos, los abuelos de Tití, íbamos por los menos una o dos veces por semana, o los fines de semana o tal vez en las vacaciones.
¿Por qué abuelos de Tití?
No sé muy bien, tal vez porque a mi tía, la hija más chica de los abuelos, la llamaban Chiquita y le decíamos Tití.
Abuela de Tití tenía muchas flores en su jardín durante todo el año, flores de todas las estaciones. Me encantaba ir a juntar flores, en especial las violetas. Hasta el día que fui grande, ya con mi hija en brazos, llegaba y abuela me decía ¡Ahí están tus violetas!

¿Algo más?
Mis abuelos siempre tenían preparadas frutas: nísperos, manzanas, granadas y uvas, todas de su huerta. Las uvas las cortaban y las colocaban en agua fresca para que comiéramos a la tarde. Eso siempre, no serían de darte un beso pero ahí teníamos su cariño.
Mientras pasaba la tarde y nosotros íbamos a recoger huevos entre el pasto de un terreno aledaño, el abuelo estaba sentado en un sillón de lona, debajo de un aromo o una acacia, mirándonos sin hablar mucho.

Seguro los estaba cuidando, intervengo y sigo ¿Qué otro recuerdo tenés de la casa de tus abuelos?
Lo que más recuerdo es el jardín lleno de flores, las que quisieras. Al fondo donde estaba la conejera el terreno estaba cubierto de violetas, mi abuela lo había dejado como un jardincito para mí, decía ¡Ahí está el jardín de mi nieta!
Y volvíamos a casa con un ramo multicor de narcisos, junquillos, jacintos, boca de sapo (conejitos), dalias y crisantemos que armaba abuela de Tití para mamá.

Emocionada, empieza a lagrimear mientras su voz tiembla. ¿Más recuerdos? me pregunta.
Bueno, a ver, los que quieras.
Al lado de casa había un terreno donde mamá plantaba todo tipo de verduras; me gustaba ir a carpir y regar tomates, ajíes, lechuga, acelga, zanahorias, repollo, zapallitos, perejil, espinaca, etc…
¿Esa tierra no era de ustedes?
No, el terreno estaba abandonado en ese entonces; Pola compró el lote cuando se casó, ya habían pasado muchos años.

Nosotras juntábamos pasto y les dábamos a las gallinas, y a los conejos verdolaga.
¿Y tu hermano participaba de esas tareas?
No, creo que no; lo que pasa es que a nosotras no nos dejaban salir y él sí tenía amigos y podía jugar frente a la puerta de casa a la pelota.
¿Jugaba en la vereda o en la calle?
En la calle que no era transitada, además sólo en esa cuadra. Eran muchos chicos, habían muchos chicos en nuestro barrio.
¿Y ustedes no podían tener amigos en la cuadra?
No, en la calle, no.

¿Otro recuerdo? me dice mientras mueve la cabeza a uno y otro lado como negando. Y concluye, siempre con la emoción a flor de piel “Dentro de todo fue una niñez feliz, simple pero feliz.”

Esta narración está basada en hechos reales, en Montevideo, en los años 40. Es una historia familiar y su protagonista, Niní, es mi mamá.

Tere

8.6.19

Gris y negro


Una iglesia y su cementerio habían sido abandonados hacía ya muchos años, la gente del pueblo no iba al lugar por temor.
Los niños tenían prohibido acercarse, sin embargo algunos curiosos hicieron una excursión una tarde gris y fría de aquel invierno de 1955.
Forcejearon la puerta trasera e ingresaron alumbrándose con linternas. De pronto la puerta se cerró tras sus pasos, las luces se apagaron mientras el piso se hundía y los incautos rompían en llanto.
Los gritos se ahogaron en la oscuridad.
Tere

Fotografía Reunion De Escritores Reia

3.6.19

Entramado


Sale rápidamente del estacionamiento manejando el auto de su jefe. Abandona el vehículo a unas cuantas cuadras y camina hasta su departamento.
Cambia su vestido por un conjunto deportivo y los tacones por zapatillas; toma el bolso preparado la noche anterior y parte rauda al aeropuerto.
En un par de horas el vuelo la llevará a un destino lejano para empezar una nueva vida; sabe bien que no va a ser fácil ya que cargará con la culpa el resto de sus días.
Decide perdonarse, fue la única forma que encontró para terminar con el abuso de los últimos diez años.
Siente asco y el sabor amargo de la bilis que se abre paso; se siente sucia, el agua y el jabón no borraron las marcas de su cuerpo y menos de su corazón.
Pero ya está, él no volverá a posar sus manos inmundas ni dejará fluidos en su cuerpo vencido.
El tipo yace frío en la cama con un puñal clavado en la espalda y el entorno se tiñe de rojo.
Tere 

1.6.19

La sociedad de los autómatas


No hay descripción de la foto disponible.


Atrapados por la tecnología deambulaban por las calles ajenos a su entorno. Ya no habían palabras ni gestos, cada uno andaba en lo suyo sin mirar a su alrededor.
Tan enfrascados estaban con sus dispositivos electrónicos que ya no había lugar para la comunicación oral. Habían dejado a un lado toda actividad lúdica y cultural, todo contacto con el mundo exterior; se sumergían en el teclado y la pantalla, navegando a kilómetros de distancia.
Las familias se habían distanciado, siguiendo cada uno por su lado. Los pocos niños que quedaban se las arreglaban solos, aprendiendo desde pequeños que eran ellos junto a sus máquinas y herramientas los únicos compañeros de vida.
En tanto, los robots viendo el nuevo destino de la sociedad habían decido humanizarse tomando ahora su lugar.
Tere

28.5.19

Su último cumple

 La imagen puede contener: 2 personas

Estaba triste, algo la inquietaba y no sabía bien qué. Ese sería el último cumpleaños que festejaría entre sus amigas, al año siguiente la acompañarían los ángeles en su día.
Tere

24.5.19

Entre libros

La imagen puede contener: 2 personas

Todos los días, a la misma hora y en el mismo lugar lo podía encontrar. Desde hacía más de tres meses no había faltado un solo día a la cita. Algo había entre ellos, aunque todavía no se habían acercado y cada uno estaba aparentemente en lo suyo, estaba segura que un halo de seducción los envolvía. Podía jurar que él no iba a leer, iba a la biblioteca por ella, pudo descubrirlo muchas veces cuando miraba distraídamente las letras. Se sentía rara, molesta, confusa, nunca antes le había costado tanto abordar a su próxima víctima.
Tere

23.5.19

El show debe continuar

La imagen puede contener: interior

Estaba por comenzar la función cuando el primer actor cayó redondo inmediatamente antes de subir el telón, cuando ya estaba próximo a salir a escena esperando en una de las patas. El teatro estaba a full con todas las localidades vendidas, el público eufórico aplaudía mientras se apagaban las últimas luces y el director se propuso continuar el show. Un reemplazante salió al toro mientras el protagonista era retirado del escenario a los camarines a la espera de la atención de emergencias. Los presentes nunca supieron que el hombre no llegaría a ser atendido y que mientras estallaban las risas por la comedia la morguera retiraría su cuerpo por la puerta trasera.
Tere

Luces y miel

Siguiendo el arcoiris llegaron al lago escondido donde pasarían su luna de miel en carpa, al borde del agua, a la luz del sol y de la luna, acompañados por la música del trinar durante el día y el grillar en horas nocturnas.
Tere
La imagen puede contener: cielo, exterior y naturaleza

26.4.19

Allí quedó su pluma


La imagen puede contener: cielo


Después de escribir su primer y último libro abandonó la pluma satisfecho de haber llegado a la meta.
Tere

24.4.19

Cansada ya, poema

Cansada ya

Cansada ya
de repetir la historia
de conocer su andar
y su final

Cansada ya
de la brecha y del odio
de la mafia, de la infamia
la ignorancia y la crueldad

Cansada ya
de ver caras vencidas
almas grises, lacrimosas
sin presente y sin vida por rodar

Cansada ya
de ver hambre en sus barrigas
caras sucias, pies terrosos,
cunas en cajas y mantas agujereadas

Cansada ya
del acopio de unos pocos
sed de gloria, de poder
y de indiferencia soberana

Cansada ya
del tejido de la historia
que se anuda y se enreda
sin poderse desatar

Teresita Acosta Martínez

21.4.19

La postal

La imagen puede contener: 1 persona, cielo, montaña, exterior y naturaleza


Miró la postal que erróneamente acababa de recibir, leyó las dulces palabras de un remitente desconocido. Guardó la foto en el sobre ya algo roto, lo puso en su mesita de luz, apagó la luz y se durmió. Al despertar al día siguiente, leyó nuevamente la dirección que figuraba al dorso del sobre y decidió comprar un pasaje a ese destino. Iría en busca del hombre con el que había soñado durante las últimas horas
Tere