13.7.14

Orgullosamente latinoamericana

Nací en Montevideo, Uruguay, desde chiquita vivo en Buenos Aires, Argentina.
Amo profundamente a estos dos países, ambos son míos.
Uruguay la Patria, mi paisito, que me vio nacer y Argentina el país que habito desde hace tantísimos años.
Sigo siendo ciudadana uruguaya porque las ley no admite la doble ciudadanía y no renunciaría nunca a mi cuna.

En Argentina crecí y formé mi familia, mis hijos y mi esposo son argentinos. Mamá es desde hace unos años ciudadana argentina también.
Vivo en este glorioso país y lo siento como tal vez no lo hacen algunos naturales del mismo.
Cuando ambos países se enfrentan en un evento deportivo no puedo tomar partido, me duele la competencia entre ellos, como si tuviera que elegir entre mis padres. Agradecí que en este mundial no se hayan confrontado.

Me dolió cuando Uruguay perdió en las primeras rondas y la injusticia de la Fifa con la sanción desmedida hacia uno de sus jugadores (que debía ser penado, debía serlo pero se extralimitaron).
En los partidos en que se enfrentaban países latinoamericanos deseaba que fueran los que ganaran, porque voto por nuestro continente, por esta Patria Grande que se está forjando.

No entiendo el poco decoro que hoy tuvieron nuestros hermanos brasileños que se lanzaron a festejar el triunfo de un equipo europeo. Y resulta casi risorio que hayan hinchado por Alemania que los aplastó por 7 goles a 1. O que les haya quedado ganas de ufanarse del subcampeón estando en cuarto lugar y con un último partido perdido por 3 tantos. La rivalidad no puede justificar semejante disparate.

Este es el primer año que veo fútbol y me apasioné como nunca hubiera imaginado. No puedo comentar gran cosa porque no conozco las reglas.
Sí aprecié el fairplay y también disfruté el buen juego. Ver a Argentina jugar con Holanda y con Alemania fue un placer a la vez que un sufrimiento.
Cuando se vino la final Argentina - Alemania sabía que los argentinos iban a dejar todo en la cancha, tal como hicieron, pero creí que dificilmente ganaran.
Al ver el partido sentí que estaba equivocada porque los muchachos se lucieron mucho más que lo pensado.
Como me dijo Gus los partidos no hay que merecerlos sino ganarlos y eso fue lo que sucedió finalmente.
En los últimos minutos los alemanes lograron sorprendernos con un gol que los alzó con el título de campeón.

Desilusión y congoja por el resultado, en especial por un penal a favor no cobrado, y admiración por el desempeño de un equipo consolidado.
Grande Argentina!!!

11.7.14

Doble faz

En época mundialista muchos recuerdan de qué país son.
No todos, hay contadas excepciones, algunos niegan ser argentinos y hasta en el fútbol llevan la contra.
Creo que este pobre país tiene sus mayores detractores en el seno propio.
Es lamentable como el poder económico, el político y el egoísmo pesan más que el sentimiento de pertenencia.
Una vez cada cuatro años los colores de la camiseta se lucen con orgullo y el grito del gol une al pueblo.
Pero en muchos casos más que patriotismo es el ego el que gana las calles.

A principios del mundial fui a la panadería (Compostela, Mitre 1885 - Avellaneda) las vendedoras y la cajera lucían las camisetas albicelestes pero a la hora de pagar la cajera (que creo es propietaria del local) evitaba dar los tickets. Ahí mismo me planteé esto de la doble faz; por un lado la camiseta nacional y por otro la evasión de impuestos en Argentina (tema recurrente si los hay). El ser argentino por fuera, pero tratar de joder o hacer una "avivada", que internamente bien saben que es fraude.
Los medios públicos nos anuncian que debemos exigir la factura al hacer una compra. Que pena que no haya en los comerciantes honestidad y lealtad para con el país y sus clientes. Que haya que obligarlos a cumplir lo que rectamente debieran realizar.
La Compostela es el disparador que dio lugar a este post; también la asocié con la panadería La Argentina (Belgrano 401 - Avellaneda), que llevando el nombre de este país procede de la misma manera, evitando dar factura o ticket en cada una de las compras.

Es tal vez una utopía pensar en cambiar, y que éstas como tantas otras empresas, en algún futuro cercano, procedan con rectitud y levanten la bandera gloriosa de un país justo y estimado.